miércoles, 14 de noviembre de 2012

¡Eh! ¿Estás tonta, o qué?

Hay una cosa que no acabo de entender: ¿por qué las historias de amor más famosas, son aquellas con finales trágicos?  La CelestinaRomeo y Julieta y Ana Karenina, son sólo algunos ejemplos de novelas  reconocidas como clásicos, alabadas mundialmente, de autores de talla mundial, y todas sabemos cómo terminan.
¿Por qué? ¿Es que acaso una historia de amor con final feliz, tiene menos calidad precisamente por terminar bien? Sinceramente, y sin querer faltar al respeto a éstos ilustres autores, creo que matar a los protagonistas al final de la historia, es el camino más fácil.

Dejemos a un lado los nombres que firman las obras, y olvidémonos que realmente son joyas de la literatura, y quedémonos sólo con sus argumentos: chico conoce chica, se enamoran, él la seduce a ella, intentan luchar contra las circunstancias que les impiden ser felices y, al final, mueren. En el caso de las dos primeras, ellos mueren accidentalmente y ellas se suicidan. En el caso de la última, ella se suicida porque ya no puede seguir viviendo con las consecuencias de haberlo abandonado todo por él sin conseguir la ansiada felicidad.
¿Es que acaso, todos esos insignes autores, en realidad eran unos cínicos desencantados de la vida? Quizá no fuesen conscientes, por múltiples razones, que aunque el "enamoramiento" pueda desaparecer con el tiempo, éste puede haberse convertido en unos sólidos cimientos en los que basarse cuando ese estado de euforia auto inducida se esfuma, y se puede construir sobre ellos una relación verdaderamente sólida y estable que aporta igual pasión. No tiene por qué revolotearte el estómago para amar a alguien. Tu pareja no tiene que parecerte perfecta. La felicidad perfecta no existe porque somos imperfectos, y por lo tanto, proclives a cometer errores. La cuestión verdadera es: ¿seremos capaces de perdonar éstos? ¿Podrá nuestra pareja perdonar los nuestros?
Sinceramente, cada vez que leo alguna novela con final trágico, me repatean los higadillos. Es como si el autor nos estuviera diciendo: ¡Eh!  ¿Estás tonta, o qué? Como si pretendiera aleccionarnos para que no esperásemos, o exigiesemos, aquello que el ser humano más necesita: sentirse amado por otra persona, y todo lo que esto implica.
Amar es, básicamente, confiar en la otra persona, reír juntos en los momentos felices y apoyarse mútuamente en los malos, encarar los problemas de la mano, como iguales.
Claro que, también hay que tener en cuenta una cosa: las épocas en que están escritas. Por Dios, ¡si pensaban que las mujeres éramos básicamente idiotas por naturaleza! Y lo peor, es que la mayoría de ellas lo aceptaban como algo verdadero, lo asumían y vivían con esa creencia errónea que las subyugaba, sin oponer resistencia.
Es curioso que precisamente ahora, en una época en que la mujer tiene mucha más libertad, que es capaz de vivir sin necesidad de tener alguien a su lado, sea cuando más desesperadamente buscamos ése alguien que nos complemente. Pero nos hemos vuelto exigentes, quizá olvidando que el ideal romántico que plasman novelas y películas, es inexistente, precisamente porque con el tiempo se transforma, como ya he dicho antes, en algo mucho mejor pero que no sabemos apreciar.


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