Surrey, 1823. Anna Hurst llegó a Halston hace seis años huyendo del pasado. Cuando John Sinclair, vizconde de Lisle, regresa a su pueblo natal, Anna decide buscar su apoyo para la pequeña escuela que ha fundado. Pero el día en que se conocen ofende profundamente al vizconde, que le niega su ayuda. Cuando él se ve envuelto en un atraco, la intervención de Anna le hace recapacitar e interesarse en sus proyectos.
La relación entre ambos comienza a estrecharse, hasta que la llegada de Julia, la amante de John, lo cambia todo. Julia está dispuesta a cualquier cosa por probar que Anna no es lo que aparenta. Y cuando sus sospechas cobran vida, todo el mundo de Anna se vuelve del revés. Anna puede huir de Halston, pero ya sabe que no conseguirá hacerlo de su pasado. ¿Podrá el amor que ha nacido entre ella y John sobrevivir a los silencios culpables y las verdades a medias?
Para que una novela romántica histórica me
guste, ha de cumplir ciertos requisitos, entre los cuales se encuentran: una
buena ambientación acorde con la época en que transcurre, rigurosidad histórica,
y unos protagonistas que, aunque a primera vista puedan tener tintes arquetípicos,
al profundizar veamos en ellos mucho más de lo que aparentan. Me cansan las
sumisas perfectas y virginales, y los libertinos aburridos y hastiados de todo,
si no me ofrecen nada más allá de eso. Por eso, “Quédate en mi vida” me ha
entusiasmado.
John Sinclair, vizconde de Lisle, es un hombre
aparentemente frío y nada dado a las demostraciones emotivas, aunque pronto nos
damos cuenta que esa actitud no es más que una fachada. Lleva años sin pisar
Hertwood Manor, su propiedad en Sussex, pero se ve obligado a regresar a la
muerte de su madre. Allí, conoce a la viuda Anna Hurst, una mujer de carácter
pero resignada a la monotonía y la falta de alegrías en su vida, que lo
“asalta” figuradamente para conseguir que financie la escuela dominical en la
que da clases a los hijos de los campesinos y para que se haga cargo de dos
huérfanos, hijos de uno de sus arrendatarios, que había muerto en un accidente
ocasionado por el mal estado de conservación del granero comunal, algo de lo que lo hacía
directamente responsable.
Anna no tiene muy buena opinión de John debido
a su ausencia y falta de interés por sus propiedades y las personas que
dependen de él, y John piensa de ella que es una entrometida, una viuda
aburrida sin nada que hacer que ha decidido ocupar su tiempo en molestarlo con
absurdas imposiciones morales.
Pero gracias a la insistencia de Anna, John
empieza a darse cuenta que la propiedad no está debidamente cuidada, y que el
señor Hubbard, el administrador, ha sido negligente en muchas cuestiones.
Antagonistas redomados al principio, las
pullas y desaires que se lanzan no son más que una manera de ocultarse a sí
mismos que se sienten terriblemente atraídos el uno por el otro, pero cuando
van escarbando en esa fachada que ambos ofrecen al mundo, se dan cuenta que ahí
debajo hay mucho más de lo que esperaban, y es entonces cuando aceptan que sus
sentimientos son más profundos de lo que eran capaces de asumir. Pero la
aparición de Julia, la amante de John, y el descubrimiento del secreto que Anna
esconde, hacen que todo se complique.
Me encanta la forma de escribir de Ava
Campbell. Es capaz de perderse en detalles y más detalles del pasado de los
personajes, sin que por eso nos parezcan superfluos o aburridos, y toda la
información que nos ofrece, hace que podamos entender a la perfección cómo se
han construido sus caracteres y por qué. Son maduros y creíbles, y la evolución
que los va acercando es totalmente verosímil y nada forzada, al contrario de en
la mayoría de historias que parten de la misma premisa de amor-odio.
Además, tiene una habilidad especial para
plasmar los paisajes en palabras, haciendo que puedas visualizarlos mientras
lees y que puedas sentirte como parte de ellos.
Hay un poco de todo: situaciones divertidas,
otras dramáticas, algunas sorprendentes (me encanta cuando, mostrando un arrojo
temerario, Anna salva a John de un salteador de caminos que intentaba robarle);
intriga, celos, secretos, algún que otro malentendido, pero, sobre todo, dos
protagonistas que te llegan al corazón desde el primer momento y que te hacen
sufrir a lo largo de toda la historia.
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