lunes, 1 de julio de 2013

Reseña | Abandonada a tus caricias | Loretta Chase








Todo el empeño de la cabezota, independiente y soltera por convicción Jessica Trent, es alejar a su débil hermano Bertie de la destructiva influencia de Sebastian Ballister, marqués de Dain, un hombre de físico aparentemente repulsivo.
Nunca esperó que acabaría deseando al arrogante y amoral marqués. Y cuando la pasión recíproca de Sebastian les compromete de una manera un tanto escandalosa, y pública, a Jessica no le queda otra opción, para rehabilitar su nombre ante la rígida sociedad inglesa, que pedirle, legalmente, una satisfacción...
Maldiciéndola por tentarle, por besarle y, sobre todo, por obligarle a salvar su reputación, Dain no puede esperar a poner a la furiosa muchacha en su sitio, y, a ser posible, en alguna posición amorosa. Y si eso significa matrimonio, pues así sea. Porque Sebastian está seguro de que puede seguir manteniéndose a distancia y de que su corazón no sucumbirá ante los múltiples encantos de Jessica...








Loretta Chase lo ha conseguido otra vez más. Me ha sorprendido. ¡Esta mujer es increíble! Da igual qué novela de ella lea, siempre me gusta hasta la locura. Original, divertida, con unos diálogos que rayan la genialidad... Y lo mejor de todo, cada novela que leo, es mejor que la anterior.


Tengo muchas autoras fetiche, pero todas, en algún momento, me han decepcionado: excepto Loretta Chase.


¿Qué puedo contaros de ABANDONADA A TUS CARÍCIAS para convenceros que la leáis? En estos momentos no lo sé, porque me he quedado sin palabras. ¿Quizá si os hablo un poco de los personajes?


Jessica, la protagonista, es todo lo contrario a una típica dama. Lo único que comparte con la totalidad de miembros de su especie, es que es virgen, ¿pero el resto? Nada que ver. 


Es inteligente, atrevida, decidida, ingeniosa, honesta, con un lenguaje directo nada propio de una dama y una mente ágil poco dada a las florituras, los histerismos y las escenas histriónicas... Sí, vale, hay muchas protagonistas así, pero Jess tiene algo que la hace única: su forma de enfrentarse a la vida, a la gente y, sobre todo, a Dain. Nunca retrocede un paso, jamás deja que él se salga con la suya, siempre es capaz de darle la vuelta a la situación, sea ésta cual sea, para acabar saliendo vencedora indiscutible de todos los escenarios comprometidos en los que él la mete buscando incomodarla para que salga huyendo.


En cuanto a Dain... Al contarnos la autora toda su infancia en el primer capítulo, consigue que tengamos una visión muy profunda de lo que nos encontraremos al seguir leyendo: un hombre que al mirarse en el espejo sólo ve fealdad. Un cuerpo enorme y piel oscura (es medio italiano), en una época en que la belleza masculina estaba determinada por cánones muy distintos de la actual (un cuerpo como el de Dain sólo lo tenían los plebeyos obligados a trabajos duros bajo el sol); y una nariz enorme (“cesárea”, la llama Jessica, totalmente obnubilada por la belleza de tal apéndice) que hace que se sienta un monstruo. 


Dain está roto por dentro por muchos motivos, y cargado de tantos traumas que sólo ha conseguido mantenerlos a raya ocultándose bajo un manto de oscurantismo y frialdad, y rodeándose de idiotas y putas; pero está tan desesperado por amar y ser amado, como convencido de que no es merecedor de tal sentimiento.


Jessica es la única que consigue ver más allá de esa capa de cinismo, y cuando ambos personajes van conociéndose, es la única que es capaz de hacer que los sentimientos y los traumas de Dain den un giro inesperado, porque consigue que él los vea desde una perspectiva que jamás se le había ocurrido.

Sólo leyendo la primera conversación que ambos mantienen, se prevé que ahí saltarán chispas, y de las buenas.



«—Sobre todo, te recomiendo —añadió (Dain), con los ojos clavados en la mujer— que resistas la tentación de hacer cuentas si estás considerando comprar un regalo para tu chére amie. Las mujeres se mueven en un campo matemático más elevado, especialmente cuando se trata de regalos.
—Eso es consecuencia de que el cerebro femenino ha llegado a un estado de desarrollo más avanzado, Bertie —dijo la mujer sin alzar la mirada—. Reconoce que la elección de un regalo requiere el equilibrio de una ecuación moral, psicológica, estética y sentimental sumamente compleja. Yo no recomendaría que un simple hombre intentara participar en el delicado proceso de equilibrarla, sobre todo con el primitivo método de hacer cuentas.
Durante unos momentos lord Dain tuvo la incómoda sensación de que alguien le había metido la cabeza en un retrete. El corazón le latía con fuerza y rompió a sudar, con la carne de gallina, como aquel día inolvidable en Eton hacía veinticinco años.
Se dijo que no le había sentado bien el desayuno. La mantequilla debía de estar rancia.
Era absolutamente impensable que aquella despectiva réplica femenina le hubiera afectado tanto. No podía desconcertarle de aquella manera descubrir que aquella mujer de lengua afilada no era, como había supuesto, una mujerzuela a la que se había pegado Bertie la noche anterior.
Su forma de hablar proclamaba que era una dama; aun peor —si es que puede existir un ser humano de peor calaña—, todo parecía indicar que era una intelectual. Lord Dain no había conocido en su vida a una mujer que supiera nada de ecuaciones, y mucho menos que supiera que se pueden equilibrar.
Bertie se aproximó y, en un susurro confidencial que se habría oído desde el extremo de un estadio al otro, preguntó:
— ¿Tienes idea de lo que ha dicho, Dain?
—Sí.
— ¿Qué?
—Que los hombres son unos brutos ignorantes.
— ¿Seguro?
—Sí.
Bertie emitió un suspiro y se volvió hacia la mujer, que parecía fascinada con el contenido del expositor.
—Me habías prometido que no insultarías a mis amigos, Jess.
—No sé cómo voy a insultarlos si todavía no he conocido a ninguno.»

























































1 comentario:

  1. Imprescindible para todo aficionado a la novela romántica. De verdad. Creedme. Nunca quitar un guante fue tan romántica.

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