domingo, 5 de mayo de 2013

A SIR PHILLIP, CON AMOR de Julia Quinn






Editorial: Ediciones Urano, Books4Pocket Romántica / Junio 2010
Género: Histórico
Serie: 5º- Los Bridgerton
Título original: To Sir Philip,with Love
Editorial original: Avon / Julio 2003

¿Es posible enamorarse de alguien a quien no has visto nunca? Eloise, la pequeña de la familia Bridgerton, está a punto de descubrirlo. Hasta que se casó Penélope, su íntima amiga, no había sentido sobre sus delicados hombros el peso de la soltería. Pero ahora, un impulso inexplicable la empuja a cometer una locura, dejar Londres y presentarse en casa de un hombre al que sólo conoce por carta... y que quiere casarse con ella. Claro que cuando conoce a Sir Phillip las ilusiones se vienen abajo como un castillo de naipes: su príncipe azul resulta algo rudo, serio... y además tiene dos hijos que son auténticos diablos. Pero Eloise ha detectado también una pasión latente bajo la piel, que no está dispuesta a dejar escapar, con un poco de ayuda de su extraordinaria familia.






Es la primera novela de la serie Bridgerton que leo. No me gusta empezar una serie por la mitad, y por regla general espero a tener los anteriores antes de leerla en caso de que caiga en mis manos, como ha sido el caso, pero no he podido resistirme a la tentación. Había leído algunos fragmentos en algunos muros de Facebook, además de comentarios ensalzándola, así que pensé ¿por qué no? Al fin y al cabo, este tipo de series no tienen un hilo central, como se da el caso en algunas paranormales, así que ni corta ni perezoso, me lancé de cabeza y la leí.
No me arrepiento de haberlo hecho, porque esta novela ha puesto a Julia Quinn entre una de mis autoras favoritas de romántica histórica, entre las grandes Lisa Kleypas, Loretta Chase o Mary Balogh.
No puede calificarse “A sir Phillip, con amor” como una comedia, a pesar de sus momentos realmente divertidos, sobre todo de manos de esos dos niños adorables y de unos diálogos muy refrescantes; ni una tragedia en sí misma, aunque empieza con una y Phillip carga con el sentimiento de culpa durante todas las páginas. Es una mezcla de ambas, muy bien equilibrada, que en igual medida te hará esbozar una amplia sonrisa que te hará derramar una lágrima.
Phillip es un personaje muy complejo, uno de los más complicados con los que me he encontrado en este tipo de novela. Arrastra un profundo complejo de culpabilidad por lo ocurrido a su primera esposa, mucha ira reprimida hacia sí mismo y hacia las circunstancias, pero lo que más lo domina es el miedo (pánico, más bien) a ser como su padre, lo que le provoca un terrible complejo que lo lleva a apartarse de ellos y refugiarse en su invernadero (es botánico).
Eloise es una fuerza de la naturaleza. Es cabezota, alegre, vital, segura de sí misma, impetuosa y, muchas veces, inconsciente. Con 28 años y después de haber rechazado varias proposiciones de matrimonio, de golpe es consciente de su soledad (a pesar de estar rodeada de familia), sobre todo cuando ve el amor que sus hermanos y hermanas han encontrado en sus respectivas parejas. Es ese sentimiento que le oprime el pecho, lo que la lleva a cometer una estupidez: escaparse en mitad de la noche para acudir a casa de sir Phillip, a quien no conoce personalmente pero con quien se ha estado carteando en secreto durante un año y que le ha propuesto matrimonio.
Pero cuando se encuentran cara a cara por primera vez, se dan cuenta que ninguno de los dos es lo que el otro creía. Phillip esperaba a una solterona desesperada y fea, y Eloise pensaba que él era un hombre pacífico y tranquilo, un erudito algo despistado sin demasiadas complicaciones emocionales.
Y son precisamente esas complicaciones emocionales que Phillip tiene, lo que lo convierte en uno de los personajes más interesantes con que me he encontrado: las dudas que tiene sobre sí mismo, que lo llevan a huir y esconderse de los problemas que causan sus hijos y de los enfrentamientos con Eloise; la extrema vulnerabilidad de la que es consciente y de la cual Eloise va vislumbrando pequeñas muestras; y el miedo a sí mismo y a su propia fuerza (es un hombre muy grande) y a los arrebatos de ira que provocan en él las travesuras (algunas peligrosas) de sus hijos.
Pero hay una cosa que tiene esta novela y que la ha convertido en única: es la primera vez que lloro con una declaración de amor. La escena de casi el final, en la galería de retratos, cuando hablan y él le confiesa… bueno, no diré nada, no quiero chafaros una escena llena de emotividad que tenéis que leer dentro del contexto de la novela, pero las palabras de él y, sobre todo, los puntos suspensivos y lo que éstos implican, me taladraron el corazón y me pusieron los pelos de punta. 
Julia Quinn es una maestra: consigue que nos pongamos en la piel de los personajes, nos convence y nos hace vivir y comprender todos y cada uno de sus sentimientos, desde los más bonitos a los más feos, y convierte una historia preciosa en algo maravilloso que no puede ser ignorado.




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