viernes, 31 de julio de 2015

Métodos, manías y compulsiones

Una de las cosas buenas que tiene ir a eventos o presentaciones, es el poder ponerme en contacto con otras escritoras, cambiar impresiones, comparar nuestras formas de trabajar...

Se aprende mucho escuchando a otras personas que tienen el mismo objetivo que yo: escribir, y hacerlo bien. O por lo menos, intentarlo.

Aunque también es cierto aquello que dicen, que cada maestrillo tiene su librillo... o lo que viene a ser lo mismo: cada uno de nosotros tenemos nuestras manías a la hora de ponernos ante el teclado del ordenador, o de coger el bolígrafo y el papel.

Yo soy muy maniática al respecto, y tengo una serie de extrañas compulsiones mientras estoy escribiendo. No sé si os interesará o no (probablemente no jajajjaja) pero hoy me apetece contarlas.

Para empezar, no puedo escribir a mano. Lo odio. Ni siquiera llevo una libretita en el bolso, como hacen muchas de mis compañeras. Yo echo mano del móvil o la tablet, lo que tenga más a mano en ese momento, y anoto las ideas en el Evernote. Hasta hace poco, lo hacía con el móvil viejo, en el «bloc de notas», algo que os aseguro que era toda una aventura, teniendo en cuenta que el trasto tenía más de cinco años y funcionaba como quería y cuando le daba la gana. Pero así y todo, lo prefería al papel.

Una de las cosas curiosas que caracterizan mi manera de escribir, es que, en contra de lo que hace la mayoría, que quita párrafos enteros que cree innecesarios, yo añado. Cuando escribo, lo hago tan rápido que casi siempre me olvido de poner los incisos en los diálogos, jajajaja y después tengo que repasarlos para ir indicando qué está haciendo cada personaje mientras habla, o los tendríamos a todos quietecitos como estatuas, sin siquiera parpadear. A veces, incluso se me olvida hacer una descripción de los personajes... los tengo tan claros en mi mente, que paso por alto que las personas que me leerán, no pueden verlos como yo.

Le tengo fobia a las faltas de ortografía. Vale, alguna se cuela, lo sé, porque no soy perfecta, pero mientras estoy escribiendo tengo el corrector del word activado, y no puedo seguir mientras tenga ante mis ojos, la dichosa rayita roja que avisa de un error. En consecuencia, cuando utilizo nombres raros que no están en el diccionario, tengo que añadirlos para que no me moleste. Y corrijo sobre la marcha, siempre. ¿Termino un párrafo? Lo repaso. ¿Termino un capítulo? Lo repaso. ¿Llego a la mitad del manuscrito? Vuelvo a repasarlo desde el principio antes de seguir. Es algo compulsivo que no puedo evitar. Y, por supuesto, en cuanto le pongo el «FIN» definitivo, tengo que imprimirla en papel para repasarla ooootra vez. Y siempre encuentro faltas y errores que se me han colado.

Nunca dejo reposar un manuscrito para ponerme con él otra vez al cabo de varios meses. No puedo. Cuando empiezo con una historia, tengo que seguir todo el proceso de forma ininterrumpida. Si lo paro, es muy probable que la historia acabe muerta y olvidada en alguna carpeta del ordenador. Y si la novela está completa, no me sirve aquello de intentar «verla con otros ojos» al cabo de un tiempo, porque entonces soy incapaz hasta de cambiar una simple coma. 

Otra manía está en tener el título al principio, antes de empezar a escribir. Cuando una idea toma forma en mi cabeza, he de buscarle el título, sí o sí, porque sino, sé que no llegará a buen término. Si no hay título, no hay historia.

¿Y la portada? He de tenerla preparada cuando voy por la mitad de la historia, porque si no me pongo con ella es como si mis esfuerzos por escribir, no fueran en serio. Es una sensación extraña: no hay portada, no acabaré la novela. 

Rara, lo soy un rato, lo sé. Pero mis manías y compulsiones me ayudan a empujarme para seguir hasta terminar cada una de las novelas, por lo que son bienvenidas.

Esa soy yo, una maniática al teclado.

¡Buenas noches!

4 comentarios:

  1. Al final, todos tenemos métodos.manías o costumbres curiosas. La mía son las fichas de personaje. Si, lo sé, eso es muuuuy rolero (el pasado no se puede borrar). Me vuelven loca, si hasta controlo hasta el detalle más tonto.
    Coincido en lo de las descripciones, las olvido. Veo los personajes tan claros en mi cabeza, que se me va la pinza y no los describo. Por eso recibo un par (o más) de collejas.
    Si luego da igual cuantas manías o costumbres extrañas tengas, mientras lo que escribas te guste. Que más da si escribes en bikini y piensas que estas en una isla paradisiaca, si lo haces con gusto.
    Por cierto, estoy leyendo "La viuda alegre" y me esta gustando mucho, aunque es un poco corto en mi opinión... aunque mi debilidad sea la Manada de Midtown...
    Pues eso, sigue así que me encanta lo que escribes y me inspiras muy buen rollo para seguir escribiendo.

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    1. Jajaja no eres la primera escritora que utiliza su afición por el rol para hacer las fichas de personajes jajaja conozco a un par más. Yo ni me lo planteo, soy demasiado caótica. Mis fichas tienes a duras penas el color del pelo y de los ojos, para no poner rubio en un párrafo, y moreno en el siguiente jajajajajjaja

      Espero que estés disfrutando con mi viudita, ya me contarás qué te ha parecido cuando la termines.

      Un beso, guapa.

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  2. Jajaja me hace gracia cómo nos incordian dichas manías, pero llevas toda la razón, y más cuándo te gusta lo qué haces, que siempre tratas de hacerlo lo mejor posible. Un saludo 🤓

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    1. En el fondo, esas manías pueden hacernos mejores, si no se convierten en obsesiones jajaja gracias por comentar.

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